Eso de andar por la vida haciéndome de amistades no me va, en
definitiva no es lo mío. Cuando era niña mi hermana me decía
"vinagreta", ya era un alma vieja desde siempre o al menos eso creía
yo. Sin embargo con el pasar de los años se van descubriendo cosas, se aprende
no a ser feliz con lo que tenemos, sino a crear felicidad. Comprendí que las
personas que están en tu vida lo están porque te quieren tal cual, pero eso no
te exime de hacer algo por ellas, en la distancia y en el tiempo cuando se te
necesiten, no cada vez que tengas tiempo, muchas veces no lo tendrás, muchas
veces postergarás cosas y pensarás que quizás otro día lo harás. Pero cuando un
amigo te busca, en ese momento dejas todo, porque entonces eso es amistad, amor
de verdad. Que sepan que te tienen como guardado en un cajón, como esa joya que
guardas para una ocasión especial.
Por lo mismo, tener tantos
amigos no es siempre buena idea, y no hablo de no ser agradable para con todos,
hablo de realmente ser amigo. Precisamente dado que mi hermana me decía que era
muy amargada y que tenía que aprender a conocer todo tipo de personas, comencé
a hacerlo y cometí el error de llamar "amigo" a cualquiera, lo que
resultó en corazones rotos y tiempos de amargura. Confieso que al día de hoy,
no logro recordar ni los nombres de algunas personas a quienes efusivamente
brindé mi amistad, no obstante sí pude conocer personas que aun abrazo en mis
pensamientos, a su vez eso me ayudó a ver que algunas que por años consideré
casi mis almas gemelas, no lo eran. Aprendí a conocer la verdadera amistad, el
verdadero amor.
Por ahora he cerrado el área de
recursos humanos, tengo lo que me basta para ser feliz que tal vez no sea mucho
pero es suficiente, que es mejor aún. Porque mucho puede llegar a ser
desgastante y creo sinceramente que no se trata de cuantas personas te aman, sino
de cuanto te ama cada una de ellas.
Aeternum ego!
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